Cortando el viento
La aerodinámica de los coches es un aspecto fundamental para lograr la eficiencia. Sin embargo, debido a ciertas modas y otras distracciones, nos estamos olvidando de ella.
Vivimos una época en la que las
prestaciones y el comportamiento dinámico parecen haber pasado a un segundo
plano en favor de unas cifras de emisiones y consumo de combustible lo más
bajas posible. Sin embargo, dos de los aspectos fundamentales para conseguir
esa ansiada eficiencia, peso y aerodinámica en los coches, están
viéndose lastrados por las modas actuales.
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| Fotografía de MemoLira.com |
Cx, Cy y Cz: las tres coordenadas de la aerodinámica en los coches
Las fuerzas que actúan sobre ese objeto a grandes rasgos se dividen en tres coordenadas: Cx, que es el más conocido en el sector del automóvil y que sería la resistencia al avance en sentido longitudinal –de frente-, Cy, que es la resistencia lateral (útil para camiones y remolques), y Cz, que se refiere a la sustentación y que en los coches, al contrario que en las aeronaves, se busca que sea negativa para mantenerlos pegados al suelo.
Bien, pues ese Cx, que es en el que nos
vamos a centrar, está íntimamente ligado a la superficie frontal de vehículo y
es el que nos dice que cuanto más alto, con más florituras en el morro y planos
más rectos, peor surcará el viento. A ello habría que añadir el coeficiente de
rozamiento de los neumáticos (cuanto más anchos peor) y el factor de
turbulencia, que es la estela que se forma detrás del coche y que puede llegar
a hacer de ancla en los casos más extremos. Por ejemplo en las traseras
rematadas de forma abrupta y recta. Sí, aquí entrarían de nuevo los SUV, pero
si de verdad queréis una muestra de un despropósito aerodinámico en todo esto
que he dicho, os lo doy hasta con nombre: el Hammer H2 es el ejemplo perfecto:

Fotografía de Rubén Fidalgo - Revista Autocasión
Si el Cx de los coches
convencionales modernos oscila entre 0,29 y 0,34, y el de los todocaminos
entre 0,34 y 0,40, los modelos del pseudomilitar americano oscilan entre el
0,57 y 0,60. De hecho, he tenido oportunidad de conducir varios y resulta
curioso ver cómo si levantas el pie del acelerador yendo a 90 km/h en la marcha
más larga, el coche comienza a frenarse de inmediato hasta casi detenerse en
pocos metros. Ni siquiera su enorme peso lanzado puede vencer esa fuerza
invisible.
Fijaos si la fuerza del aire esta es
tal que el Bugati Veyron, para que su versión Supersport superara los 395 km/h
de la standard, hubo de sumar 200CV a los 1000CV que ya tenía. Y eso para
lograr un máximo de 415 km/h. Y aerodinámico era, aunque quizá no tanto como
los “cazas sin alas” que surcan la laguna seca de Bonneville hasta tontear con
la barrera del sonido (unos 1.230 km/h, porque varía según la altura, la
temperatura, la humedad…entre otros).


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